No, mamá, no…

No, mamá, no. Verity Bargate.

Este ejemplar lleva desde su publicación en casa. Una de las muchas veces en que una novela queda aparcada por agotamiento popular. Así llamo yo a mi excusa de alejar lo que comienza a aparecer por todos los flancos con la etiqueta “hay que leerlo” y todo el mundo se suma al carro. Yo, en la mayorías de esos casos, me alejo hasta encontrarle su momento y que curiosamente suele coincidir con el comienzo de un año nuevo lector quizá con la intención de no tener libros pendientes algún día. ¡Ja!

No sé lo que es una depresión postparto ni me la puedo imaginar por lo que todo lo que había leído de esta novela con anterioridad no supuso una predisposición a lo que me iba a encontrar en su interior. El comienzo es realmente inquietante, en el que la protagonista narra en primera persona el momento en el que debe enfrentarse al nacimiento de su segundo hijo. Nos informa de la carencia de sentimientos hacia el mismo y nos deja ver lo vulnerable que un ser recién nacido puede resultar entre los brazos de una madre que no lo quiere, que no quiere su vida, ni estar cerca de su marido, un marido que se pasa de conservador y que le recomienda visitar a un amigo psiquiatra para que la saque de ese mal que parece haberse instalado en ella.

“Mi felicidad se evaporó al cerrar la puerta del lavabo. Cuando salimos éramos gente corriente. Nadie miró a los niños, ni nos sonrió, ni nos abrió las puertas. Éramos simplemente las tres cuartas partes de una unidad familiar nuclear que volvía a la célula familiar nuclear, donde nos esperaba la otra cuarta parte”.

No, mamá, no. Verity Bargate.

En “No, mamá, no” he respirado, sobre todo mi propia angustia unidad a la soledad que sentía la protagonista y que parece disiparse con la aparición en la escena de una vieja amiga a la que hace años que no ve y que la invita a visitarla una vez por semana con el propósito de recordar viejos tiempos y de retomar una relación que la protagonista daba por perdida. Para visitarla ha de viajar en tren hasta la playa y superar los contratiempos que la propia sociedad instala en su cabeza haciéndole pasar momentos que encogen al lector y al que hay que sumarle un final que tan solo vi venir cuatro párrafos antes.

Reconozco que mi empatía por la protagonista disminuía a medida que la novela avanzaba seguramente alimentada por el hecho de darme cuenta de la indefensión de esos niños a los que probablemente esa madre les haya generado un trauma de por vida y sin embargo, cuando ella volvía a casa cada día se instalaba en mí la sensación de haberse convertido en una persona realmente incomprendida, desbordada su propia anulación como persona, como mujer, como madre, como esposa.

La autora escribió esta novela en 1978, un momento valiente para hacerlo cuando el resto de la sociedad se dividía entre los que te juzgaban por ser como eras o los que miraban para otro lado. Quizá hoy han cambiado muchas cosas pero aún queda mucho por hacer. Me ha gustado. Mucho.

Eris

No, mamá, no
Verity Bargate

No Mama No
Traduce Mireia Bofill
Colección: Rara avis
Número colección: 34
Encuadernación: Rústica
ISBN: 97884-90653098
Páginas: 176
16,90€

4 pensamientos en “No, mamá, no…

  1. Vaya, una novela que trata un tema muy interesante y, como dices, en un año muy valiente. Pese a que parece demasiado intimista para mí, no lo descarto.

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