Estación once…

Estación once. Emily St. John Mandel.

Ayer me vino a la mente esta novela que leí hace ya cuatro años. Una historia que me encantó, entre otras cosas, porque no me parecía algo tan descabellado… Es por eso que os la vuelvo a recordar. Lectura para valientes en los tiempos que corren y para aquellos que quieran buscar dosis de realidad una vez haya pasado todo esto. A toro pasado he de decir que me ha asustado más leer el cierto tono escéptico de mi opinión sobre la novela que la lectura de la misma, lectura de la que guardo un muy grato recuerdo.

Cuando un libro te llama con las palabras “virus” y “desolador panorama” desde el primer momento y de repente, lo tienes en casa esperando turno y sale una reseña que te deja con la boca abierta dices… Pues va a ser algo genial esto que tengo en mis estanterías y se produce eso que tanto nos gusta a los lectores… La ansiedad por terminar lo que tenemos entre manos para darle una buena sacudida al título que se avecina. Y así fue… Una lectura en la que el apocalipsis toma una magnitud demasiado real y que sientes miedo… Miedo por lo que sería sufrir algo semejante.

La novela comienza con una represantación teatral de El rey Lear, obra trágica de William Shakespeare, durante la cual el actor principal sufre un paro cardíaco y fallece en el mismo escenario a la vista de todos los actores secundarios y de una especie de “salvador fugaz” que se lanza a socorrerlo. La narración de este hecho ya nos deja un poco descolocados pero lo que se desata a partir de ese momento es algo realmente espeluznante. Un virus ha aterrizado a bordo de un avión y se propaga a pasos tan agigantados que la población mundial desaparece casi al completo y en cuestión de pocas semanas. Los que han conseguido sobrevivir ha sido porque así tenía que ser y tratan de reanudar sus vidas de la mejor manera que pueden.

Estamos ante una novela que aunque en principio pueda no llamar la atención si lo tuyo no es este tipo de tramas se convierte en un argumento lleno de sentido en el que no hay zombies, ni monstruos mutantes que hayan podido ser engendrados por la aparición de este virus. Los supervivientes son reales y los únicos enemigos que se encuentran son su propio futuro incierto en el que ya no hay electricidad, ni tecnología, ni combustible, ni transporte, ni medicamentos, ni amigos, porque se han agotado todos los recursos, todas las vidas… Están solos, no les queda nada más que comenzar de nuevo al lado de personas desconocidas a las que poco a poco llamarán compañeros. Y así se va forjando la Sinfonía Viajera, un pequeño grupo que se dedica a llevar la música y el teatro a lo largo de esos pequeños asentamientos que han conseguido sobrevivir.

Con todo esto la autora nos hace un recorrido por lo que ha quedado de humanidad después de semejante holocausto y nos encontramos con una novela que nos muestra un panorama tranquilo, oscuro y misterioso donde además de tratar de forjar una nueva civilización, los protagonistas echan la vista atrás para recordar cómo fue y dónde estaban en el momento en que todo ocurrió. Un panorama en el que la frase “la supervivencia no es suficiente” te hace, en cada página, pensar en qué pasaría si… Porque lo que más me ha llamado la atención de la novela es hasta dónde me ha llevado la autora… Justamente hasta este mundo en el que vivo y me ha hecho reflexionar sobre qué sería de nosotros si de repente nos lo quitaran todo y tuviéramos que empezar de nuevo en un infierno como ese… Un mundo vacío de futuro y lleno de recuerdos.

No quiero hablaros de personajes porque creo que a esta historia hay que acercarse así, sabiendo lo esencial, para que disfrutes de lo que yo sentí cuando estos protagonistas a los que la autora pone voz en los diferentes capítulos van tratando de encontrar el sentido a su pasado, construyendo un puzzle difícil en el que se han perdido las piezas más importantes. Mandel ha escrito una novela fantástica que esperaba que me gustara pero no hasta este punto, porque un lector siempre tiene ese pequeño muro difícil de sobrepasar a medida que pasan los años y las obras maestras llenan nuestros recuerdos. Mandel ha roto la barrera de este género al que no me acerco muy a menudo… Quizá por eso me ha atrapado, porque lo he visto como algo posible, narrado de una forma especial que te hace amar lo que tienes a tu alrededor.

Es curiosa la similitud que encontré entre el panorama desolador que se representa con la serie The Walking Dead, y digo curiosa porque solo se ve esta semejanza en los ambientes vacíos, esos que dan frío… Pero no os equivoquéis, la magnitud que alcanza esta novela va más allá de una ciencia ficción en la que la población es transformada en algo inmundo. Aquí se trata de una simple gripe que se lleva por delante a más del 95% de la población, algo que si te paras a pensar asusta… Y mucho… Porque quizá no sea una idea tan descabellada… Los enemigos son reales y al fin y al cabo no dejan de ser personas como los demás, que solo buscan un mundo mejor… Aunque claro… Cada uno tiene su forma de buscarlo y como en nuestra sociedad, aquí también hay profetas, fanáticos, valientes, ambiciosos, luchadores, débiles y los que esperan a que una leve sinfonía les traiga su propio futuro en bandeja.

Y como dice en la cita de la portada de la boca de George R. R. Martin… “Un libro que recordaré durante mucho tiempo y que volveré a leer

Eris

Estación once
Emily St. John Mandel
Station Eleven
Traduce Puerto Barruetabeña Díez
Edita Kailas
ISBN  978-84-16023-85-1
Tamaño 15×23 cm
Páginas 344
Rústica con solapas
Publicación 2015
17,95 €

2 pensamientos en “Estación once…

  1. Una novela muy adecuada para estos tiempos, pero por desgracia, no termino de verla para mi, este tipo de historias de pandemias me cansan, porque he leído unas cuantas y no veo que esta vaya a ofrecerme nada nuevo.

    Un saludo,
    Laura.

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