Sábado, domingo…

Sábado, domingo. Ray Loriga.

Culpa por delegación.

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EDITORIAL: ALFAGUARA
ENCUADERNACIÓN: tapa blanda con solapas
Nº PÁGINAS: 200
ISBN: 978-84-204-3569-5
DIMENSIONES: 241 X 154 MM.
FECHA PUBLICACIÓN: 21-02-2019
18.90€

A pesar de escuchar muchas veces su nombre, leer entrevistas, de ser polifacético (escritor, guionista y director de cine) y de pertenecer a la misma generación, este es el primer libro de Loriga que leo. Cuando me interesa un autor vivo y en activo tengo la tendencia de empezar por leer su obra más actual. El argumento es el siguiente: si es un escritor consagrado, sería lógico pensar que sus mejores y más maduradas obras serán las últimas. Si me llega a interesar, entonces me queda grabado el interés e intento conseguir las demás obras para cuando tenga tiempo (¿?). Este es el caso de Ray Loriga, me ha interesado mucho su forma de contar y quiero comprobar si este interés se mantiene en sus anteriores trabajos.

La novela tiene dos partes bien diferenciadas. “Sábado” refiere una historia que va a dejar una huella poderosa en la vida del protagonista, mientras que “Domingo”  tiene lugar bastantes años después. En la primera parte, un adolescente relata un suceso complicado acaecido el verano anterior. Sale un sábado con su amigo Chino y tienen ambos una cita con una joven que conocen en una cafetería. Todo parece ir bien, hasta que el asunto, según nos cuenta el protagonista, comienza a complicarse y acaba mal.

La segunda parte sucede veinticinco años más tarde. En vez de aquel adolescente de la primera parte, tenemos un hombre con mucha vida por detrás.  Nos cuenta con grandes elipsis y concisión su vida. La conversación, intrascendente en apariencia, pronto lo conduce a aquella noche. No hay más remedio que aceptar finalmente el día que nos obliga a enfrentarnos a nuestro pasado.

Este hecho del pasado juega aquí un papel muy importante, casi podríamos decir que es la piedra angular de la trama, la piedra en el zapato del protagonista. Un personaje particular que nunca podrá caminar por la vida con normalidad.

El pasado es esa serie de sucesos que “influyen” en nosotros, pero no recíprocamente; es decir, nosotros no podemos cambiar lo ocurrido, sólo vivir con ello, sobrellevarlo, superarlo u olvidarlo. Algo que para nuestro Federico le parece una barrera infranqueable. Su presente o sus presentes son algo menos relevantes que aquello sucedido años atrás. Sin embargo su verdadero presente parece algo insustancial o irremediable. Las exageradas elipsis y síntesis de lo que nos cuenta son muy significativas.

Es una novela sobre la culpa; un actual Raskólnikov atormentado y consumido por la semilla de un tropiezo hace veinticinco años de la que crece una neurosis que anula su desarrollo.

En la primera parte conocemos a un joven que siente un profundo auto desprecio, no se valora, idealiza a los que le rodean y es absolutamente gregario. Es importante saber que narra en primera persona y todo lo que conocemos lo hacemos a través de sus palabras, sin embargo leemos que los demás lo ven como un chico tímido y un poco confundido. Un personaje que delega las riendas de sus acciones e incluso sus sentimientos, con una pose de distanciamiento poco convincente. Los lectores lo vemos como lo que es en realidad.

El dominio del lenguaje y los diálogos es algo muy destacable en Sábado, domingo. En las dos partes encontramos estilos diferentes, vocabulario distinto y una narración más “adulta” como correspondería a una persona formada e inteligente pasados los años. Este cambio es algo que percibimos inmediatamente, aunque enseguida comprobamos su debilidad y estado de confusión. Es un recurso muy interesante y una decisión narrativa que enriquece el libro, sin embargo para mí es su punto más débil. Sin desvelar nada de la trama, tenemos que darnos cuenta que el punto de vista de la narración es siempre desde el personaje adulto y por eso el cambio de registro se hace un poco anómalo. La decisión de la distinción me sigue pareciendo muy acertada porque le da una profundidad inusual, pero en la misma virtud está el pecado.

El autor nos ofrece una historia tremendamente interesante, posee una capacidad asombrosa para captar la profundidad psicológica de un tipo de persona al que todos hemos conocido, al que no es fácil comprender, que se hunde en un vaso de agua. Loriga es capaz de narrarlo con aparente sencillez. Dos momentos de un mismo personaje que en una segunda lectura nos damos cuenta de va dejando pistas, que es consciente de su situación, pero incapaz de remediarlo. Os invito a experimentar su lectura, yo, al menos, seguiré interesándome por sus anteriores obras.

Nacho GO

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2 pensamientos en “Sábado, domingo…

  1. Què vols que te digui. Me parece interesante el cambio de estilo de una parte a otra, pero es que tras leer El bebedor de lágrimas, le hice la cruz al autor. Además, este libro parece demasiado intimista para mí.

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