El lagarto negro…

… de Edogawa Rampo.

Kogorō Akechi, el gran detective japonés.

Lagarto negro, El_135X220

Título original: Black Lizard
Traducción del japonés: María Lourdes Porta Fuentes
ISBN: 978-84-16237-15-9
Número de páginas: 192
Edición: Rústica con solapas
Sello: Salamandra Black
PVP: 16,00 €

Sinopsis

Verdadero icono de la novela policíaca japonesa, la celebridad de Edogawa Rampo se extendió también fuera de su país. Publicado el año 1934, este libro no sólo es una de sus obras más emblemáticas, sino también un claro ejemplo de la figura del investigador entendido como gran maestro de la deducción y de la lógica, en la línea del Auguste Dupin de Poe y el Sherlock Holmes de Conan Doyle. Pero el talento de Rampo fue aún más allá y, bajo la influencia del pulp estadounidense, combinó como nadie la tradición del género con una acción trepidante, por momentos extrema, y siempre aderezada con un sentido del humor que sedujo a miles de lectores y convirtió este black en un fenómeno auténticamente popular.

La historia nos sumerge en la lucha sin cuartel entre dos enemigos acérrimos, cuya admiración y fascinación mutuas son un acicate para mantener una rivalidad innegociable. Así pues, Kogorō Akechi —el inmortal personaje de Rampo, un detective capaz de solucionar cualquier caso con su brillante interpretación de la escena del crimen y un don para anticiparse al siguiente paso de sus rivales— ha de enfrentarse a la pérfida y sensual madame Midorikawa, quintaesencia de la femme fatale, apodada «Lagarto Negro» por el espectacular tatuaje que luce en un brazo. Midorikawa padece la necesidad enfermiza de coleccionar los objetos más bellos del planeta, y cuando se propone conseguir la joya más preciada de Japón, la fuerza que la empuja no es tanto el afán de satisfacer su deseo como la oportunidad de retar a Akechi y demostrarle que su inteligencia es superior a la de él.

El autor

Edogawa Rampo es el seudónimo de Hirai Taro (1894-1965), considerado unánimemente el escritor más relevante de la edad de oro de la narrativa negra y de misterio de Japón. Nació en Nabari, dentro de la prefectura de Mie y en un área conocida por ser un hervidero de ninjas. Hirai Taro desempeñó trabajos tan diversos como el de corrector en un periódico, dibujante de cómics para revistas, empleado en una librería de segunda mano y vendedor callejero de fideos, antes de encontrar su camino literario. Éste arrancó en 1923 con la publicación, bajo el seudónimo de Edogawa Rampo, de su primera historia de género negro en la revista Shin Seinen, que, dirigida a los jóvenes, ya había incluido textos de Poe, Conan Doyle y Chesterton, entre otros, pero nunca uno de un autor local. Durante el primer tramo de su carrera fundó el gótico japonés, adaptando la obra de Edgar Allan Poe (de hecho, el nombre Edogawa Rampo es una suerte de broma fonética ligada al del padre de Auguste Dupin) y otros autores del siglo XIX a las singularidades de su cultura y sociedad. Su universo oscuro y grotesco caló de inmediato entre los lectores y creó un estilo que fue ampliamente imitado por sus colegas de profesión. La censura y la rígida moral de los años que precedieron a la Segunda Guerra Mundial, y que imperaron hasta el final del conflicto bélico, lo obligaron a concentrarse en relatos de aventuras y detectivescos.

Rampo no fue el primero en escribir ficción criminal en su país (antes estuvieron las aportaciones, siempre parciales, de Ruikō Kuroiwa, Kidō Okamoto, Jun’ichirō Tanizaki, Haruo Satō y Kaita Murayama), pero sí fue pionero en fusionar patrones occidentales con las singularidades de la cultura japonesa.

Autor muy prolífico, se le atribuyen hasta sesenta y siete novelas y setenta y seis relatos, siendo su ciclo de ficción más popular el protagonizado por el detective Kogorō Akechi. De sus ensayos destaca El castillo ilusorio, donde analiza los principales ingredientes del género negro. En la última etapa de su trayectoria profesional se volcó en la literatura juvenil y en la difusión de la novela negra en Japón, sobre la que escribió un buen número de textos. Fundó la revista especializada Joyas y la Asociación Japonesa de Escritores Policíacos, que presidió entre 1947 y 1952 y de la cual surgió el Premio Edogawa Rampo, que continúa siendo el galardón más prestigioso de su país. La popularidad de Rampo sigue viva en Japón, con permanentes reediciones de sus libros, así como adaptaciones de su trabajo al cine, la televisión y el teatro. Rampo falleció en 1967 en la ciudad de Fuchu a los setenta años.

Mis impresiones

Uno de los regalos de estas pasadas navidades fue un libro de Edogawa Rampo, Relatos japoneses de misterio e imaginación, de la colección Entintados de Ediciones Jaguar. No conocía nada de este autor, pero esta colección de relatos traducida del inglés me resultó muy interesante y atractiva.  Pero el interés ya nació antes de empezar a leer, pues saber que el seudónimo surgía de la pronunciación japonesa de Edgar Allan Poe, autor por el que tengo una atracción hipnótica desde la infancia, me ganó desde el principio.

Así que cuando me enteré que el sello Salamandra Black publicaba la novela El lagarto negro, no quise dejar pasar la oportunidad de seguir disfrutando con Rampo.

La protagonista es la mujer apodada el Lagarto negro, una personificación del mal en su máxima expresión, enfrentada a Kogorō Akechi, el inmortal detective de Rampo; un personaje tremendamente frío y con una gran capacidad para descifrar y analizar las situaciones en las que se ve envuelto y, sobre todo, una habilidad que lo hace convertirse en el perfecto detective: la facultad de para ir por delante de sus enemigos para neutralizar sus actos. Los dos simbolizan la sempiterna lucha entre el bien y el mal, claramente representados a lo largo de la novela.

Las acciones y los giros se suceden a un ritmo frenético. Los escenarios son muy diversos, tierra y mar, hoteles de lujo, atracciones turísticas y barcos camuflados. Todo conforma el marco perfecto para que se desarrolle este pulso entre  Akechi y Midorikawa. La balanza se inclina de un lado y del otro según se van produciendo los avances de Akechi o de Midorikawa. Una novela policíaca japonesa clásica del año 1934, llena de triquiñuelas, sorpresas y golpes de efecto. A veces las acciones se desenvuelven en ambiente exótico lleno de una perversión espeluznante, nada de concesiones como podríamos esperar en la típica novela inglesa de la época.

Como cualquier detective que se precie Akechi hace gala de su método deductivo y utiliza disfraces y máscaras. Sin entrar en detalles que estropearían la sorpresa me llamaron la atención los apuntes de erotismo y conductas de sadismo, lesbianismo, exhibicionismo y voyeurismo, ahí es nada.

El propio autor hace guiños a su propio trabajo mencionando el relato de El sillón humano, que casualmente leí en el mencionado Relatos japoneses de misterio e imaginación, de Ediciones Jaguar.

Sin duda una gran novela para los aficionados al género. Preparaos, el duelo está servido.

Nacho GO

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3 pensamientos en “El lagarto negro…

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