Nadie muere en Zanzíbar…

… de Fernando García Calderón.

“Dicen que la vida nos depara sorpresas. No es verdad. Nosotros construimos nuestro camino. Somos picapedreros, topógrafos e ingenieros de nuestro tránsito. Lo más que hace esa vida, tan rica como caprichosa, es arrendarnos el terreno. Uno llano o escarpado, de suelo duro o blando, con un nubarrón o un sol de justicia. Según le venga en gana.”

Juan Ángel Santacruz de Colle

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Colección: ALGAIDA LITERARIA
Páginas: 552
Publicación: Mayo de 2016
ISBN: 978-84-9067-466-6
Temática: FICCIÓN MODERNA Y CONTEMPORÁNEA
Precio: 18,00 €

Sinopsis

Cuando Fernando García Calderón se tropezó con los diarios africanos de Juan Ángel Santacruz de Colle, ocultos durante años en un arca de filigrana, no sólo halló la autobiografía de un hombre increíble a fuer de excepcional, sino también una prodigiosa aventura para todos sus lectores.

Nacido en la Sevilla de 1900, experto en libros antiguos y fundador de la logia de los Calígrafos, Santacruz llegó hasta el sultanato de Zanzíbar perseguido por espías nazis, tras participar en innumerables estafas y encontrarse fugazmente con Walter Benjamin. Allí aprendió un nuevo concepto de civilización, adoptó dos personalidades opuestas —el Gibraltareño John Cross y el árabe Jamshid A. bin Said— y se convirtió en un altruista de ideas estrafalarias que causaba admiración por donde pasaba. Su vida se debatió entre dos territorios y dos mujeres: la intrépida Anna Wyatt y la abnegada Aisha. Colaborador en la sombra de Julius Nyerere, fue apreciado tanto por los brujos isleños como por los intelectuales de la nueva Tanganica. Suyo fue el plan que revolucionó la historia de Zanzíbar.

Nadie muere en Zanzíbar es una novela de aventuras personales y colectivas, un relato sobre la epifanía salvadora de un europeo descorazonado y las ansias de libertad de los pueblos de África. Una historia de segundas oportunidad, donde la pasión, la dignidad y la justicia cobran toda la ambigüedad de la que es capaz el ser humano.

El autor

Fernando García Calderón (Sevilla, 11 de agosto de 1959) es un escritor e ingeniero de Caminos afincado en Madrid, autor de novelas y volúmenes de relatos.

Emprendió su andadura literaria participando en numerosos certámenes de relatos que existen en nuestro país. Le han otorgado, entre otros, en los premios Jauja (Valladolid, 1989), Gabriel Miró (Alicante, 1992), Juan Ortiz del Barco (San Fernando, 1994), Jara Carrillo (Alcantarilla, 1995), Max Aub (Segorbe, 1995), Villa de Iniesta (Iniesta, 1996), Cuentos de Invierno (Ponferrada, 1997), Alfonso Sancho Sáez (Jaén, 1997), Villa de Quintanar (Quintanar del Rey, 1998), Miguel Cabrera (Morón de la Frontera, 1999) y Marco Fabio Quintiliano (Calahorra, 2000).

Los resultados superaron las expectativas y, en 1997, dio el salto a la novela con dos galardones consecutivos: El vuelo de los halcones en la noche (Félix Urabayen) y El hombre más perseguido (Ateneo-Ciudad de Valladolid).

El siglo XXI marca su abandono de los concursos y la prolongación de una carrera, lenta pero comprometida, que lo lleva a publicar cuatro novelas más y dos volúmenes de relatos, obteniendo un nivel de ventas que no había conocido hasta ese instante.

En 2008 deja un poco de lado su faceta literaria para reconstruir su vida personal, aquejada de problemas familiares y el síndrome de fatiga crónica que lo aflige. Tras un largo periodo de trabajo silencioso, investigando las andanzas africanas del erudito sevillano Juan Ángel Santacruz de Colle (nacido con el siglo XX y fallecido en Tanzania en la década de los setenta), regresa en 2015 con la fabulosa Yo también fui Jack el Destripador (Ediciones del Viento). Fruto de el minucioso trabajo de documentación surgieron el libro de cuentos Diario de ausencias y acomodos (Ediciones Alfar) y la novela Nadie muere en Zanzíbar.

Mis impresiones

En muchas ocasiones un libro me ha llevado a otro, ya sea del mismo autor o por compartir temática o género, pero esta experiencia que os voy a contar es bastante especial.

Me acerqué a la obra de Fernando García Calderón con la publicación de la estupenda novela Yo también fui Jack el Destripador, ya reseñada en el blog. A pesar de que el tema ya está muy trabajado, todos los aficionados encontramos un tratamiento especial de la mano de un gran novelista; esto fue lo que me hizo leer Diario de Ausencias y acomodos. Se trata de un conjunto de relatos diferentes presentados con una misma estructura, todos van precedidos por una especie de reseña de un cuadro, al mismo tiempo relacionado de alguna manera con el contenido. En algunos de los relatos los autores Fernando García Calderón y Facundo Laboa indagan en la vida y milagros del lingüista Juan Ángel Santacruz de Colle, reputado tasador de libros antiguos y anónimo explorador de la costa swahili, entregándonos unos relatos cargados de referencias a su biografía, su vocación literaria y su afición pictórica. Los relatos tienen ese sello especial que imprime la mano de García Calderón, ese sello reconocible, que se le puede aplicar un adjetivo que existe en nuestra lengua dotándolo de un nuevo significado, un sello calderoniano. El relato de La logia de los Calígrafos me obligó a hacerme una gran pregunta, cuestionándome lo que estaba leyendo: ¿estaba ante lo que antes interpretaba como un recurso literario, o en verdad Juan Ángel Santacruz de Colle había sido una persona de carne y hueso? Empecé a releer portada, contraportada y dedicatoria para intentar contestar y ahí fue cuando conocí la existencia de la novela Nadie muere en Zanzíbar, me dije: esta no se te escapa.

Así fue como llegué a esta obra nacida del sincero compromiso del autor con la figura inefable de Juan Ángel Santacruz de Colle, John Cross y sus demás personalidades. De ese compromiso surge esta gran novela, un auténtico viaje virtual y real, geográfico y vital. El viaje del autor y el del lector que lo acompaña, un auténtico safari donde lo que importa es el propio camino y no la meta, un libro donde uno se puede parar a disfrutar un párrafo, como en un viaje que se alarga la estancia en un lugar más tiempo de lo programado.

Un genuino viaje por las tierras, los pueblos y religiones africanas, Tanzania, Zanzíbar, Kenia, Etiopía, Somalia, kikuyos, masais, askaris, árabes… toda una visión panorámica.

Juan Ángel Santacruz de Colle conoce a gentes de todo tipo, vive en hoteles, casas, cabañas cuadrangulares, acoge varias personalidades y nombres, “tantos nombres como exigía su brillo”, se disfraza y se integra. A lo largo de su vida experimenta varias epifanías que lo conminan a hacer el bien al pueblo africano, a dignificarse siendo cartero y luego componiendo él mismo las cartas a los familiares de las supuestas víctimas para confortar a las familiares. Respeto es su máxima, más que a las ideas, a los hombres y a las mujeres, teniendo en su mente el libro sagrado judío, nunca hacer llorar a una mujer, pues Dios cuenta sus lágrimas. Primando por encima de todo la educación, una de sus principales inquietudes: extender la educación ya que ésta es el motor de la civilización verdadera. Un personaje presente en los movimientos contra el colonialismo, nunca en primera fila.

García Calderón aparece aquí y allá en la narración, el compromiso y la emoción lo llevan a implicarse hasta ese punto porque “las emociones son granos dcaptura-de-pantalla-2016-11-21-a-las-0-25-38e arena que sedimentan en el pantano de nuestra memoria”. Se introduce en el relato como investigador y hasta cierto punto como involucrado más allá de la creación literaria. Recrea un personaje que escapó de los nazis, fue instructor de ajedrez secuestrado, aviador, cartero, árabe fingido, consejero espiritual de dirigentes, gran adversario ante la malaria, kikuyo adoptivo, gibraltareño a la fuerza y español en la diáspora.

Santacruz y el autor me dejan un claro mensaje, perseverar hasta que salga el sol por Antequera o por los dominios de la diosa Eng’ai; a pesar de la incertidumbre por el resultado de nuestras acciones, debemos mostrar determinación para llevarla a cabo a pesar de todo.

Más de 500 geniales páginas para vivir otras vidas, no os dejéis impresionar por el volumen, porque como dice el proverbio swahili: “el ojo que ha visto montañas no se deja amilanar por valles”.

Como dijo Joseph Conrad: “Creía que era una aventura y, en realidad, era… la vida

 

Nacho GO

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6 pensamientos en “Nadie muere en Zanzíbar…

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