Robinson Crusoe…

… de Daniel Defoe (Autor). Carybé (Ilustraciones).

«Cierta mañana, a eso del mediodía, yendo a visitar mi bote, me sentí grandemente sorprendido al descubrir en la costa la huella de un pie descalzo que se marcaba con toda claridad en la arena. Me quedé como fulminado por el rayo, o como en presencia de una aparición. Escuché, recorriendo con la mirada en torno mío; nada oí, nada se dejaba ver. Trepé a tierras más altas para mirar desde allí; anduve por la playa, inspeccionando cada sitio, pero nada encontré como no fuera esa única huella».

ZR-Robinson Cruzoe

La edición

Flaco, de ojos grises, nariz aguileña, mentón afilado y con un gran lunar junto a la boca. Así perfila Virginia Woolf la enigmática figura que se esconde tras Robinson Crusoe, Daniel Defoe, quien además de polémico escritor, fue un pésimo negociante y un espía de lealtades cambiantes. En la primera edición del libro, impreso en Londres el año 1719, ni siquiera aparecía como autor en la cubierta: debía entenderse como un libro de memorias redactado por el propio náufrago.

Escrita en una época en que la literatura de aventuras perseguía un objetivo moralizante, la obra parece estar lejos de ser indiferente a esa exigencia. Así, Robinson Crusoe da forma a la historia de un héroe que podría encajar en el modelo bíblico de desobediencia, castigo, arrepentimiento y liberación; por eso consideró, en palabras de Italo Calvino, «la Biblia de las virtudes mercantiles, la epopeya de la iniciativa individual». Sin embargo, aún hoy la moraleja resulta ambigua: pese a que en las primeras páginas el padre de Robinson le recomienda encarecidamente que olvide su desatinado afán de navegar y se haga cargo de los negocios familiares, su desobediencia le conduce tras un angustiado periplo a la riqueza y buenaventura.

A partir de una realidad histórica, pues era costumbre en la época abandonar a su suerte a un navegante en una isla desierta por razones disciplinarias, y de la experiencia real del náufrago Alexander Selkirk, nació Robinson Crusoe, la obra literaria más leída durante el siglo XIX. En 1902, cuando Georges Méliès la llevó al cine, trascendió la literatura por primera vez, a la que seguirían muchas otras adaptaciones. Así, la obra de Defoe —«poeta de la paciente lucha del hombre con la materia, de la humildad, dificultad y grandeza del hacer»— había nacido un arquetipo de la literatura universal.

En 1945 la editorial Viau dio al mundo una edición excepcional de Robinson Crusoe que contó con una primera tirada limitada de ochocientos ejemplares. La obra de Daniel Defoe, padre de la novela inglesa, se unía para siempre a la primera traducción literaria de uno de los mejores escritores latinoamericanos de todos los tiempos, Julio Cortázar, quien ya venía traduciendo desde 1937 para la revista Leoplán. Ambas, además, se enlazaban a la obra del consagrado artista argentino-brasileño Héctor Julio Páride Bernabó o Carybé, que a más de setenta ilustraciones en blanco y negro sumó nueve láminas a color que dotaron de un valor único a la edición.

Como Robinson, que solamente logró encontrar sosiego en aquella isla —su isla—, Carybé, nacido en Argentina descubrió en Bahía, en su caudal inmemorial, el único terreno posible donde labrar su identidad.

Sinopsis

A una isla desierta en la que no hay Dios ni naturaleza ni muerte —como expresó Virginia Woolf— arriba un Robinson Crusoe que ha desoído los consejos de su padre; que, perseguido por su mala estrella y tras más de veinte años de rigurosa soledad, encuentra una huella humana en la arena.

Nuestras impresiones

Libros del Zorro rojo ha vuelto a sacar una publicación de esas que te dejan boquiabierto… Tapa dura y con el lomo en tela, fondo azul con las letras en un amarillo que destaca en la portada y en el lomo grabadas en dorado que la hacen una edición realmente de lujo. Además en su interior podemos disfrutar de las ilustraciones con las que Carybé ha querido acompañar al texto de este clásico que, sin duda, es un regalo para los sentidos. Las ilustraciones no están impresas en el papel sino que se encuentran pegadas en las mismas, algo que no es para nada habitual y que me ha impresionado enormemente.

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La editorial ha querido recuperar la versión ilustrada por este artista argentino, publicada en Buenos Aires en 1945 por la editorial Viau, con la notable traducción que Julio Cortázar realizó especialmente para dicha edición y todas las ilustraciones han sido cuidadosamente reproducidas a partir de uno de los libros de una primera edición limitada que contó en su momento con 800 ejemplares, numerados y firmados por el artista. Un regalo que, una vez leído, además de disfrutar de la historia, no me he cansado de pasearme por sus páginas.

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Lo que más me ha gustado del la novela es la valía de un personaje como Robinson Crusoe, el mérito que demuestra al tener éxito, al menos en un principio, superando sus obstáculos y controlando su entorno, demostrando su condición de dominio al transformar un ambiente inhóspito y convertirlo en su hogar.

Es curioso cómo el control sobre la naturaleza lo hace dueño de sí mismo y de su destino. Al principio de la novela, a menudo se culpa por desobedecer los consejos de su padre o culpa al destino por llevarlo al mar; sin embargo más adelante deja de verse como víctima y aporta una nota de autodeterminación al construirse un hogar en esa isla, dándose cuenta de cómo uno puede llegar a ser el amo de su propia vida. Se deja muy patente el sufrimiento, pero también cómo prospera y sale adelante.

Una parte muy importante de la novela es cuando aparece Viernes en la trama volviéndose todo más complejo al encontrarse con la dificultad añadida de que una cosa es tener dominio sobre su destino y otra muy distinta, y muy cuestionable, es el dominio sobre su prójimo.

La lectura sobre las vivencias de Crusoe constituyen no sólo una historia de aventuras en la que suceden cosas emocionantes, sino también un cuento moral que ilustra las maneras correctas e incorrectas para vivir y buscar nuestra posición en las relaciones.

La religión también tiene un papel preponderante en este clásico para Crusoe. El arrepentimiento consiste en reconocer su miseria y su dependencia absoluta de Dios. Su existencia en la isla consigue que profundice en su conciencia de sí mismo, se retira de la sociedad, de lo externo y se vuelve hacia adentro. La idea de que el individuo debe mantener una cuidadosa atención al estado de su alma es un punto clave en la doctrina presbiteriana que Defoe se tomó muy en serio durante toda su vida.

Se muestra la comida como algo clave en la conducta humana (como reflejan algunos reality shows en nuestras televisiones). Los caníbales transforman a Crusoe de un consumidor a un potencial objeto a ser consumido. En la novela se muestra a un Crusoe que siempre ilustra esta filosofía de comer o ser comido, puesto que incluso en Europa está amenazado por lobos devoradores de hombres. Para él comer es una imagen de la existencia sí mismo, tal y como ser comido significa la muerte.

Ciertas actitudes del protagonista nos hacen considerar la posibilidad de que puede no querer volver a la sociedad humana después de todo, y que el aislamiento que sufre puede ser su estado ideal. Es constante y perseverante en todo lo que él hace, y su perseverancia asegura su supervivencia a través de las tormentas, esclavitud y un aislamiento de 28 años en una isla desierta. Una obra del siglo XVII en la que todas las situaciones que transcurren durante este tiempo que se pueden considerar casi media vida podrían transportarse a este convulso XXI.

Robinson Crusoe ha sido una obra para reflexionar y sobre todo para ser leída en la que Defoe ha tratado la existencia humana allanando el camino para el tema central de la moderna de alienación y aislamiento.

Ha sido una lectura estupenda que tanto mi compañero de blog  yo hemos disfrutado mucho y por eso hemos querido traeros las impresiones ambos. Una edición de lujo para una obra de lujo como os he comentado… Para leer pausadamente y disfrutar de las descripciones y las reflexiones que se transmiten durante toda la lectura.

Eris&GO

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5 pensamientos en “Robinson Crusoe…

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