Reseñando El crimen de Orcival…

… de Émile Gaboriau.

Orcival

Título original: Le crime d’Orcival
Autor: Émile Gaboriau
Año edición: 2015
Nº de páginas: 444 págs.
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta y lazo de punto de lectura.
Editorial: dÉpoca
Precio: 24,90 € (Incluye como obsequio marcapáginas y lámina réplica de la ilustración de cubierta)

«Émile Gaboriau es el alquimista que descubrió la piedra filosofal. El gran impulsor del género policíaco y la novela de detectives». Michel Lebrun.

El crimen de Orcival (1866) —obra maestra de Émile Gaboriau que constituyó un éxito sin precedentes en el momento de su publicación— nos envuelve desde la primera escena en una atmósfera de suspense creciente que nos conduce a través de un vertiginoso recorrido de deducciones y suposiciones. Conspiraciones, sospechas, mentiras, chantajes, documentos secretos, celos, adulterio… todo debe pasar por el tamiz de la mente deductiva de Lecoq, convirtiendo la novela en una suerte de thriller de perfecta factura que mantiene en vilo al lector hasta la última página.

Sinopsis

Una mañana de julio, en la finca de Valfeuillu, en la pequeña comuna de Orcival, dos cazadores furtivos descubren cuerpo ensangrentado por la Condesa de Trémorel. Se muestran reacios, pero eventualmente advierten el alcalde, Sr. Courtois, que inmediatamente avisa al juez de paz, el padre Plantat, un ex abogado de Melun. Entran en la propiedad, descubren rastros de lucha violenta en toda la casa e inmediatamente sospechan de doble asesinato. Sin embargo, el cadáver del conde de Trémorel no se encuentra. El juez de instrucción Domini llega a la escena en el capítulo tres, y una persona de mala reputación se señala como culpable en el capítulo cuatro. Luego llega el turno del Inspector Lecoq que entra en escena. Sabemos en el capítulo nueve que Laurence Courtois, la hija del alcalde, ha desaparecido, que ella esta embarazada y ella decide suicidarse para limpiar su honor.

En el capítulo diez, que la historia da un pequeño giro: desde el principio, se sospecha del doble asesinato por causa de un robo, cometidos por delinquentes conscientes de la presencia de una gran suma de dinero esa noche. Después de un análisis notable de datos y pistas (incluso pistas falsas) dispersas alrededor de la escena del crimen. Lecoq construye la siguiente hipótesis: el conde ha premeditado el homicidio de su esposa y ha hecho dejado las pistas posibles para dejan indicios que hagan creer que se ha cometido un doble asesinato. Lecoq también está convencido de que el conde tenía una razón: estaba buscando un objeto, algo tan importante que estaba dispuesto a matar a su esposa. Entre los capítulos doce y veintiuno se cuenta la historia desde el punto de vista del juez de paz. La Condesa de Trémorel fue primera esposa de Clément Sauvezy, un hombre bueno e ingenuo. Sauvezy se encuentra con un Héctor Trémorel arruinado y al borde del suicidio; finalmente lo acoge en su casa. Trémorel se convirte en el amante de su esposa y ésta desarrolla un plan para envenenar a Sauvezy. En el último momento, Sauvezy se percata del plan y pergeña uno a su vez para vengarse.

Del capítulo 21 al final, es lo que podría llamarse la tercera y última parte. Ya tenemos en nuestra mano toda información. Lecoq y Plantat perseguirán a Trémorel en su refugio en París. Lecoq finalmente poner sus manos sobre él. Una vez más, se debate entre la opción entre el deshonor y suicidio, desencadenando un trágico final y a la vez redentor para otros.

El autor

Émile Gaboriau (1832-1873) reconocidísimo escritor y periodista francés considerado uno de los padres de la novela de detectives. En su obra se conjugan aspectos fantásticos con las influencias de Honoré de Balzac y Edgar Allan Poe. Su personaje, el investigador Lecoq, es el primer policía profesional de la literatura. El personaje de Lecoq se basó en un ladrón de la vida real convertido en policía, Eugène François Vidocq, que en sus propias memorias juntó ficción y realidad.

En su primera novela policíaca, «El caso Lerouge» (1866), Gaboriau introdujo un detective aficionado, Tabaret, que se convirtió en mentor de un joven policía, el inspector Lecoq. En su siguiente novela, «El crimen de Orcival» (1866) es el propio Lecoq quien se convierte en protagonista indiscutible de la misma y se hace cargo de la investigación.

Le siguieron «El dossier 113» (1867), «Los esclavos de París» (1867-1868) en dos tomos: «El chantaje» y «El secreto de la casa Champdoce», y «Monsieur Lecoq» (1868-1869) en dos tomos: «La encuesta» y «En el honor del Nombre».

Los libros de Gaboriau generalmente fueron bien recibidos en su época, recibiendo buenas críticas, por ejemplo, de la revista Harper’s. Gaboriau tuvo muchos seguidores, pero cuando Arthur Conan Doyle creó a Sherlock Holmes, la fama internacional de Monsieur Lecoq declinó.

Mis impresiones

Gaboriau tiene una verdadera obsesión con la escena del crimen. Esta es la verdadera originalidad del autor. Gracias a su formación tiene gran conocimiento de los procedimientos de la justicia de su tiempo (Gaboriau es un ex periodista que estuvo presente en varios hechos).

Antes empleado por Dupin y luego desarrollado por Holmes, el método hipotético-deductivo es la piedra angular de la labor de Lecoq. Cuando el astuto detective inicia su propia investigación recolecta pruebas, estudia de forma exhaustiva el escenario y las posibles circunstancias del crimen, entrevista a los testigos y analiza los posibles móviles de los sospechosos

Gaboriau trenza la observación del delito, la investigación y las hipótesis construidas sobre la base de una observación meticulosa, con una explicación de las motivaciones para el asesinato a través de la narración larga. El autor tiene un enfoque muy exhaustivo en el curso de sus novelas. Todos siguen casi la misma linealidad de acontecimientos: descubrimiento del delito, visita de la escena del crimen, llegada del juez de instrucción o la policía, la designación de un falso culpable, llegada de Lecoq, deducciones y suposiciones, creencias, irrupción de la novela de otra novela (en este caso una historia de pasiones desatadas) residiendo en el pasado la explicación de los hechos y final conclusión y detención del culpable.

Presenciamos el papel que tiene la nobleza en la sociedad de Gaboriau: el burgués tiene el poder y controla el dinero, mientras que la nobleza, atrapada entre su sistema de valores y la falta de dinero en una sociedad inestable, cruel y materialista. Por lo tanto, los nobles se dividen entre aquellos que aceptan su condición, vender o perecer y aquellos que no aceptan y recurren a la delincuencia. Hay en el autor una cierta hostilidad hacia el estilo burgués y una nostalgia hacia el mundo de la nobleza, panorama que probablemente explica su búsqueda de un nuevo tipo de héroe: el policía.

Estamos ante los inicios de la novela negra. Con El crimen de Orcival somos testigos de la invención de la novela policíaca y la novela negra. Lecoq es el arquetipo del súper policía, el verdadero observador de una sociedad cambiante, así la novela de detectives llegará a ser gradualmente una novela social, la novela negra. Creo que aquí encontramos las semillas de lo que se desarrollará después.

En El crimen de Orcival, la segunda aparición del inspector Lecoq, conocemos al personaje con mayor profundidad: enérgico, duro, usando múltiples disfraces. Es el hombre de la lógica y los métodos de deducción, es sin duda con Dupin, el antepasado de Holmes. El personaje del detective no es nuevo y Gaboriau no lo inventó, pero claramente es el precursor. Si el Inspector Lecoq es heredero del Dupin de Edgar Allan Poe, además es el que inspira a Conan Doyle para la creación de gran Sherlock Holmes.

En el volumen de Maximilien Heller de Henry Cauvain la introducción daba un repaso a los orígenes de la novela de detectives francesa antes de hacerse cargo de Henry Cauvain. En este caso Susanna González y Rosa Sahuquillo han pasado el testigo a Juan Mari Barasorda, para hacer un magistral estudio analítico muy documentado, sintético y, a la vez, profundo de la génesis del género en Francia. Esta introducción es un valor añadido a una compra, ya de por sí, muy recomendable.

Dejamos el contenido y ahora le toca el turno al continente. Como en todas las ediciones de esta editorial el papel es de gran calidad y la tapa dura viene impresa con el mismo diseño que la sobrecubierta, la cinta de punto de lectura del mismo color que la cabezada y los cuadernillos se distinguen en el corte del canto: una delicia. Por no hablar de las ilustraciones de Iván Cuervo y las originales de Jules Guerin (realizadas en 1901); así como los marcapáginas de obsequio y las láminas.

No hay mejor forma de acabar que utilizando las palabras de Lecoq en el final del libro “Ô prodige!”

Nacho GO

 

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25 pensamientos en “Reseñando El crimen de Orcival…

    • Muchas gracias por el comentario. Es un personaje que explica cómo llegó a ser policía y compara el teatro y la vida como un farol y el sol, la fuerza de la realidad es para él como la luz del sol, que da la vida.
      Besos

      Me gusta

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