La última confidencia del escritor Hugo Mendoza…

… de Joaquín Camps.

Joaquín Camps dijo: “Me suelo decepcionar mucho con lo que leo porque no me lo puedo creer, de ahí que haya querido dar a mi novela la mayor verosimilitud”.

Pues bien, prueba superada. Joaquín Camps lo ha logrado plenamente. Ha creado un auténtico thriller trepidante y ramificado. Las ramas alcanzan lo más profundo de la condición humana. La verdad y la mentira, las pasiones y las máscaras que utilizamos para sobrellevar nuestra vida e inclinaciones. Ha empleado todos estos elementos para elaborar un libro sumamente atrayente.

Hugo Mendoza

Una novela adictiva, que te hará perder la noción del tiempo.

Sinopsis

El atractivo profesor de literatura Víctor Vega decide aceptar la insólita propuesta que le hace la viuda del escritor Hugo Mendoza: investigar si, a pesar de que su muerte fue rigurosamente certificada, su marido sigue vivo y averiguar quién envía, cada tres de diciembre, un nuevo manuscrito del escritor fallecido. Con sus pesquisas Víctor desvelará misterios que pondrán en peligro su vida, pero lo hará acompañado de una bella y enigmática mujer de la que se enamorará irremediablemente. Paloma, una histriónica experta en matemáticas, y Santa Tecla, monja de clausura que además es un genio informático, también arroparán a Víctor en esta trepidante novela plagada de enigmas.

Joaquín Camps logra con maestría una trama entreverada de misterio, de denuncia, de amor. Y de su implacable pareja de baile: el desamor. Sus personajes, de lo más variopintos, tienen una fuerza desgarradora, que obliga al lector a mirar hacia la trastienda interior que todos llevamos dentro.

El autor

Joaquín Camps es profesor de la Universidad de Valencia, ciudad en la que reside. Su campo principal de investigación y docencia es el comportamiento humano en las organizaciones, y ha publicado numerosos trabajos científicos en esta área. La última confidencia del escritor Hugo Mendoza es su primera novela.

Mis impresiones

Se trata de un thriller muy completo. Posee una sólida y enrevesada trama urdida con tintes de misterio, típicos del thriller, de amor, de humor y tocando incluso la novela negra al denunciar un caso de pederastia.

El arranque es espectacular, presentándosenos el asunto de la mentira y la identidad. Este es el núcleo de la línea narrativa. ¿Quién es el que envía los manuscritos para ser publicados? Esta es la excusa que utiliza Joaquín Camps para ir tejiendo una larga trama a través de casi 800 páginas. Desarrolla la narración de una manera muy inteligente, ya que nada es gratuito y cumple su función para resultar un libro sobradamente entretenido.

Hay una cita recurrente a lo largo del libro: “A veces inventamos personas, y las inventamos tan bien y tan a nuestra medida que se hace muy difícil olvidarlas. Y muy doloroso…“, esta idea supone la raíz de todo lo que sucede.

Los personajes que conforman la novela son muy diferentes entre sí y al mismo tiempo se complementan. Las digresiones cómicas relajan las situaciones más duras y el amor es un revulsivo para la acción misma. Aquí es donde Joaquín Camps echa mano de su saber profesional sobre comportamiento humano, a nivel de relaciones sociales, para presentarnos un escenario muy amplio y atractivo. Como gran conocedor de las motivaciones maneja a la perfección a todos ellos. Solo hay que leer la sinopsis para comprobar que vamos a ver a una viuda inconsolable que echa mano de un catedrático metido a investigador que se apoya en una enloquecida matemática y una monja especialista en informática, un delincuente rumano, un peculiar agente literario, un abogado hedonista, un pescador filósofo, hombres de negocios sin escrúpulos, empresarios corruptos, policías con métodos propios… todos cumpliendo con su función a nivel narrativo animando el desarrollo de la acción.

Víctor Vega es el protagonista. Alguien que “siempre había intentado no ser un cínico desconfiado, creía en el cambio y en la evolución personal. De hecho, esa era la capacidad que pensaba que caracterizaba al ser humano: una autoconciencia que nos permite evolucionar cuando algo en nosotros no nos agrada.” Este catedrático–investigador que utiliza los mapas conceptuales como herramienta de investigación cualitativa, algo muy utilizado en las ciencias sociales. Es alguien que según trascurre la obra se da cuenta que esta lleno de miedos, aunque puede llegar a ser muy valiente; un “egoísta sentimental” que puede aprender a ser generoso, ha aprendido que es como todos los seres humanos: un cúmulo de contradicciones.

Al mismo tiempo, Camps no puede evitar presentar la acción en un país como el nuestro. Con nuestros defectos y virtudes, utiliza una cita del presidente Azaña que nos define un país conexpertos” en todo con mucha precisión: “si en este país la gente hablara solo de lo que sabe, se haría un gran silencio nacional que podríamos aprovechar todos para estudiar un poco.

En definitiva este es un libro extremadamente entretenido que trata de libros y de personas. Un libro que expone que leer es siempre algo enriquecedor. Prueba de ello es lo que dice Benito (el abogado): “leer es como besar: a quien lo hace con frecuencia se le nota en la lengua.”, o lo que el pescador le dice a Vega: “sin leer la vida te pasa por delante de manera absurda.

Nacho GO

Muchas gracias a la editorial Planeta por el envío de este libro tan ambicioso y divertido.

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31 pensamientos en “La última confidencia del escritor Hugo Mendoza…

  1. Lo dejé para leerlo en verano y vergüenza me da decir que aún no lo he leído. No lo he olvidado, imposible, sólo que no he encontrado el hueco y lo haré cuanto antes, seguramente en octubre. Todo el que lo ha leído ha quedado maravillado y yo tengo las expectativas muy altas.

    Besos

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  2. Yo te voy a decir la verdad aunque suene superficial. No lo he leído por sus 800 páginas y no porque me de miedo si no porque este año me he juntado con algunos tochos y de hecho tengo el de Chufo Llorens sin terminar con lo que me gusta la historia. No descarto leerlo porque a todos os ha gustado mucho pero será más adelante. Besos.

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    • No es superficial, hay que tener en cuenta nuestro tiempo, el tiempo no es infinito y no queda más remedio que seleccionar. Este verano me lancé a varios tochos (con Chufo a la cabeza) y no me arrepentí con ninguno, quizá con la excepción de El Ermitaño que no no me dejó mucho poso y me pareció un libro un poco desorientado…, pero este es además de interesante muy divertido.

      Besos

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